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Así ve Tristan Pigott a la raza humana
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Así ve Tristan Pigott a la raza humana
Así ve Tristan Pigott a la raza humana

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No es fácil interpretar lo que Tristan Pigott quiere decir en sus obras, quizá por eso él mismo lo aclara en su web: “Mis pinturas tratan de convertir el ego en una imagen mediante la yuxtaposición de figuras pintadas de forma realista ante un telón de fondo surrealista; le doy un toque satírico al narcisismo asociado al retrato”.

En un estilo casi fotográfico, pero que nada tiene que ver con la voluntad documental de la fotografía, este joven artista desliga a sus personajes de la vida real y los arroja a una composición abstracta, burlándose de la importancia que le damos a nuestra imagen y a la percepción de nosotros mismos. Explora y analiza el alma humana mediante los gestos externos, y a veces muy extraños, que realizamos constantemente en público. El realismo del recurso formal sería, por tanto, un vehículo más rápido para hacer llegar sus ideas al espectador, de incomodarle con algo conocido. Una estrategia muy daliniana, hay que decir.

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En algunas de sus obras la representación de los sujetos y los objetos se repite; los pinta varias veces con diferencias mínimas, en un intento de representar lo cíclico de la vida, igual que el ciclo de la naturaleza. Los pequeños gestos que hacemos a diario de la misma forma, así como los objetos que nos rodean y que usamos cada día, son los que configuran nuestra psicología, y componen un todo dentro del “gran teatro de la vida” en el que todos estamos actuando continuamente. ¡Vivimos en una ansiedad constante y no nos damos cuenta!

Aunque la trayectoria de Pigott no es muy larga (egresó del Camberwell College of Arts de Londres en 2012), su padre era pintor de profesión y aprendió desde muy pequeño, practicando él mismo y yendo a todas las exposiciones a las que le llevaba su progenitor. Gracias a ello, las influencias que apreciamos en sus óleos son numerosas, desde Michaël Borremans hasta Stuart Pearson-Wright. Le auguramos un gran futuro…