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Esperanza en Sudáfrica
1971. Londres, Inglaterra
aramintadeclermont.com

Por Constanza Briones.

“Normalmente les espera un trabajo manual en una fábrica, por eso las niñas quieren vivir esa noche con todo el glamour posible”

“En tiempos de apartheid, los prisioneros no tenían ningún medio de comunicación, ni siquiera tenían posesiones personales como lápiz y papel, entonces tatuarse el cuerpo se transformó en una forma primaria de auto-expresión”


Dicen que a veces hay que dejar lo conocido, la casa y los amigos para encontrar la paz. Eso pasó en la historia de Araminta de Clermont: después de varios años de adicción a las drogas en Londres, huyó de todo para volver a encontrarse con ella. Así llegó a Ciudad del Cabo. ?Ese viaje no sólo sirvió para limpiar su cuerpo y alma, también fue inspiración para su hermosa fotografía. Un trabajo lleno de realidad, historias, encuentros y comunidad. Para entrar a un mundo nuevo se necesita fortaleza y valentía. Araminta llegó a Sudáfrica huyendo de sí misma y se encontró con una comunidad que le devolvió las ganas de vivir.

Sin embargo, no fue fácil. Ciudad del Cabo es un lugar que sufre de pobreza, desigualdad, delincuencia, violencia y discriminación. En comparación con Londres, debiera ser un lugar más difícil para vivir. Pero para Araminta fue el lugar donde aprendió a confiar de nuevo en las personas y donde dejó de sentirse sola. Esa sensación se transmite en sus imágenes, donde retrata hombres y mujeres que deben luchar contra todos los problemas de su tierra pero que con la mirada emiten mucha más paz que la indiferencia de Londres.

Para Araminta también fue importante la naturaleza sudafricana. El mar, las montañas y el sol fueron claves para reencontrarse con el significado de las cosas, volver a mirar en perspectiva y confiar. La fotografía se transformó en una terapia de cercanía con las personas. Ese momento íntimo con el fotografiado trascendió en el tiempo y, mientras Araminta vivió en Ciudad del Cabo, mantuvo relación con muchos de ellos. Hoy, algunos de los hombres de “Life after” viven en la calle; otros han muerto o vuelto a la cárcel. Sin embargo sus miradas quedaron para siempre en las fotografías y transformaron la vida de la fotógrafa: “Esto me enseñó sobre la empatía y a olvidarme de mí misma; me dio gusto estar en la piel de otro por un momento. También me conmovió que alguien confiara en mí; aprendí a dar gracias por mi propia vida y aprendí también del poder de la perseverancia”.

Un biombo y el viaje



El primer acercamiento con la fotografía fue un biombo lleno de antiguas fotografías en la casa de su abuelo en Isle of man, muy cerca de Londres. Era un collage enorme de imágenes de toda la vida. Retratos de familia, amigos, viajes, la mayoría de los años 20 y 30. Su abuelo escribía historias de terror para Hollywood, por lo que Araminta podía imaginar un millón de historias después de ver las pequeñas imágenes pegadas que retrataban esa época. A veces se sentaban por horas en el ático de su casa a escuchar discos antiguos y ver fotografías. Así nació el gusto por las imágenes y el deseo por fotografiar.

La llegada a Sudáfrica impactó a Araminta de Clermont. De ese impacto nació primero “Life after”. Los protagonistas son ex prisioneros de la cárcel de Cape Flats, marcados por tatuajes que los identifican como miembros de una pandilla. Estas son poderosas y controlan las prisiones de Sudáfrica. Mientras más tatuado el hombre, más inmerso está en las pandillas, y por lo tanto es más respetado. Sin embargo, los tatuajes son mucho más que sólo símbolos de las pandillas: en los tiempos del apartheid, los prisioneros no tenían lápiz y papel, por lo tanto los tatuajes se convirtieron en la principal forma de auto-expresión. Los mensajes a los seres queridos están ahí, las declaraciones de arrepentimiento o culpa, mensajes de amor y así muchos otros. Los tatuajes tienen simbolismos interminables dentro de la cárcel. El problema es que fuera de la prisión los tatuajes provocan un juicio inmediato de la sociedad, temor en las personas o el rechazo de las familias. Esto hace que sea casi imposible para los hombres conseguir trabajo una vez que han salido en libertad. Muchos frotan la piel con cloro para tratar de eliminar las marcas o usan ropa que tape los dibujos. Cape Flats es conocida como el “vertedero del apartheid”, un área enorme plagada de problemas propios de las comunidades marginadas: pobreza, drogas, y desesperanza.

De la misma comunidad nace “Before life”, una mirada a la noche más importante en la vida de las jóvenes: su graduación. Ese día se visten con sus mejores trajes y celebran un evento que cambiaría su vida y la de sus familias. La noche de graduación es llamada “Matric dance” y significa mucho para las jóvenes. Para la mayoría, terminar la escuela es un gran logro y esa noche es la celebración de aquello, una ocasión en la que las familias las recompensan por no haber abandonado la escuela como tantos otros. El apartheid no había dejado estudiar a sus padres y abuelos, por eso la comunidad entera se reúne para observar los trajes y celebrar. Para muchas es la primera vez con un vestido y esa noche se transforma en una celebración de la esperanza, la libertad y de la nueva generación de jóvenes sudafricanos. “Ambas series tratan de destacar las formas de expresión que normalmente pasa por alto el arte tradicional: los trajes de las niñas están gritando mensajes, tanto como los tatuajes de los hombres. Hay algo de identidad de grupo, un sentido de pertenencia a algo mayor”. Esa idea llegó muy profundo en Araminta, tanto que cambió su vida.