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Es difícil volver a la normalidad después de estar muchos años preso. Y si además llevas marcas de esa prisión en todo el cuerpo, todo se vuelve aún más complicado. Araminta de Clermont siguió, con su cámara, a un gran número de ex prisioneros de cárceles sudafricanas totalmente tatuados con códigos  y marcas propias de la vida en la cárcel. Con sus imágenes compuso la serie “Life after”.

En las prisiones de Sudáfrica no están permitidos los tatuajes. Sin embargo son tan importantes para la convivencia y jerarquía que los presos inventan cualquier manera para marcarse la piel. Los pigmentos son fabricados con desechos, baterías y ladrillos, mezclados con saliva e insertados bajo de la piel con uñas, metales o agujas de coser.

Los tatuajes significan poder pero también son testimonio de los crímenes cometidos, declaraciones de amor o arrepentimiento. Es la historia de cada vida marcada en brazos, pechos o cara. Marcas que los siguen para siempre y que siempre los identificaran como prisioneros, aunque ya no lo sean.

      

Audio: Entrevista a Araminta de Clermont