Alvaro Arteaga

Varios | Por hace 5 años.
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El embajador Alvarejo

Por Mario Cuche

Si el artista no es culto, es muy difícil que pueda entregar un trabajo de calidad



Supimos un poco de él en Joia 17, edición en la que presentó una ilustración que hizo para Puma, y ahora llegó el momento de conocerlo más en profundidad. En aquél número apareció como Álvaro Arteaga Sabaini, pero en esta ocasión es justo que lo reconozcamos también con el nick con que empezó a destacarse hace ya un tiempo.

Apenas se sienta a la mesa donde va a ser entrevistado, Alvarejo pide que la grabadora se ponga un poco más lejos de la orilla de su lado, porque podría pasarla a llevar. “Soy medio catrasca”. Curioso que la torpeza recurrente que implica ese chilenismo sea todo lo contrario a lo que define el trabajo de este diseñador en los últimos años: el acierto constante.

La leyenda dice así: En el año 2007, Álvaro tenía que hacer un regalo y pensó en comprar una polera. Una polera cool. Así que puso “cool T-shirts” en el buscador. El primer link que apareció fue el de Threadless, famosa marca estadounidense que desarrolla –hasta hoy– una tentadora convocatoria. En corto, el mensaje es: mándanos un diseño para poleras, lo pondremos en el sitio un rato a ver qué dice la gente y, si queda entre los mejor evaluados, te lo compramos en 2 mil dólares.

Alvarejo intentó 23 veces antes de que le seleccionaran un diseño, a principios de 2008. Su primer éxito lo motivó, y siguió mandando ilustraciones. Varias no fueron bien recibidas, pero un tiempo después volvió a lograrlo. Y después lo logró de nuevo. Y de nuevo. Y de nuevo. Y 9 de nuevos más, para un total de 14 diseños que ahora pertenecen a Threadless. La historia termina con que Alvarejo es hoy una de las 4 personas en el mundo que la marca distingue como “embajadores de Threadless”. Esto implica que tiene que difundir la marca entre diseñadores, artistas jóvenes y estudiantes universitarios (Álvaro es profesor), y participar activamente en el sitio web y en las reuniones anuales que se hacen en EEUU.

Y aunque el presente de este joven ilustrador abarca horizontes más vastos que su relación con la marca de poleras, es imposible no hacer hincapié en ella, porque le ha dado momentos muy preciados en lo profesional y en lo íntimo.

“A Threadless yo le agradezco hasta hoy, no sólo porque me ayudó a hacerme conocido, sino también porque a través de la comunidad que se forma me tocó vivir experiencias fantásticas, como cuando atravesé parte de EEUU. Lo que pasó fue que por los diseños que fui publicando en Threadless llegué a conocer a otra gente que se dedica a hacer poleras. Y con un grupo el año pasado nos fuimos en una van de Raleigh (North Carolina) a Los Angeles (California). Estuve en Chicago, Washington, Portland, New York y muchos lugares más. Pasamos por pueblos perdidos en medio de la nada, de repente muchos kilómetros sin ver a nadie, diferentes paisajes… para mí fue de esas cosas que puedo rayar de mi lista de experiencias que quería tener antes de morir”.

I LOVE EEUU (Y QUINO)



“Pasé por muchos lados allá, y claro, el tipo que grita tonteras con una cerveza en la mano viendo el partido de beisbol existe, pero los gringos en realidad no son así en general. La mayoría son personas amables, educadas, que pueden iniciar conversaciones con desconocidos sin ningún problema, y que tienen una característica que a mí me gusta mucho: son muy motivados y muy motivadores”.

¿Algún ejemplo de eso?

La misma comunidad de Threadless. Lo rico del sitio de Threadless es que la comunidad es muy potente. Por ejemplo, yo subo un diseño antes de que esté listo, a un blog interno, y la gente te empieza a corregir. Que le cambie esto, que tal color está mejor. Y no lo hacen por plata o regalos, como de repente ocurre acá en Chile, que sin un incentivo la gente no pesca. Allá el sólo hecho de pertenecer a una comunidad, de sentirse parte de algo, es suficiente.

¿Por qué has tenido tanto éxito en Threadless? ¿Será que tu estilo calza con ellos, o haces un esfuerzo por agradar al público de la marca?

En Threadless hay muchos estilos. Hay una parte que es muy saturada respecto de la cultura pop norteamericana. Tienen muchísimas poleras con referencias a videojuegos, Star Wars, series de los 80… Entonces yo dije “a ver, mi onda no es hacer ese tipo de referencias de manera obvia”. El estilo mío es como más histórico-irreverente, yo le doy muchas vueltas al tema medieval, o animales con características humanas, no sé, poner un cuerpo de alguien de los años 20 con cabeza de perro. Por eso a ellos les pareció bastante fresco mi trabajo, tanto los conceptos como el estilo de línea, que tiene que ver con mi propia influencia de Europa. Yo nací en España el año 80 –papá español, mamá chilena– y me vine para acá en los 90. Entonces cuando chico tenía mucha influencia, por ejemplo, de vivir a dos cuadras de un castillo medieval restaurado. Y de ahí toda la cultura heráldica, los dragones, todo eso me llenó el seso de imágenes surreales, onda Dalí, más los dibujos animados de Tex Avery, que no tienen ni pies ni cabeza. Y así mucho de lo que hago tiene un guiño a Picasso, a Dalí, o al dibujante que es mi mayor referente: Quino. No sólo por el nivel de inteligencia que él tiene, su crítica social, sino también por una cosa muy gráfica que es que sólo con tinta, en blanco y negro, te hace distintos gestos, tiene una gama de 80 tipos de texturas, etc.

En relación a la pregunta anterior, antes de pasar a tus referentes: en el mundo del diseño, donde se mezclan constantemente lo artístico y lo comercial, ¿qué crees que el mercado valora más: la férrea defensa del estilo propio o la capacidad de amoldarse a lo que se espera de uno?

Creo que es 50 y 50, pero va variando, de repente es 80-20. Yo he hecho cosas súper voladas y me las han valorado igual, pero hay otras en las que se espera algo, y ahí uno tiene que saber hacerlo. Yo de repente digo “¿vendería esta polera?”. Entonces muchas veces la ilustración tiene que tener un guiño, para que sea más fácil que te la compren. Por ejemplo, la ilustración que hice de los Simpson, que muestra a todos los personajes sin mostrarlos. En el fondo ese es el tema.

Ahora sí. Antes nombraste a Quino ¿tienes en mente algún dibujo suyo que te haya marcado?

Hay uno del que al tiro me acuerdo. Ese en que está un reo en la cárcel, pero él destruyó la cárcel con la imaginación. Se ve el globo típico que encierra los pensamientos, y es tan grande que rompió el techo y las murallas, y se ven los ladrillos desparramados… para mí eso es lo máximo.

TALENTO, ESTUDIO Y CRÍTICA



¿Qué importancia le otorgas al estudio en el desarrollo del talento?

El bagaje cultural es esencial a la hora de crear. Si yo, como artista, no tengo el ojo entrenado, no tengo el seso lleno de cosas, ¿cómo voy a poder hacer algo nuevo? Si al final la creación es un reflejo directo de las conexiones nuevas que tú haces. Es muy raro crear algo nuevo 100%. En el fondo uno va armando cosas nuevas en base a lo que ha visto. Entonces, si el artista no es culto, es muy difícil que pueda entregar un trabajo de calidad.

Pero una persona que quiere perfeccionarse tiene que practicar, no puede estar sólo mirando libros…

Claro, el proceso es paralelo. Paralelamente a tener el conocimiento duro, más técnico, hay que ir soltando la mano. Al final es prueba y error. Te vas a pegar 80 porrazos, la gente te va a decir que está pésimo tu trabajo, no te van comprar los diseños… pero no hay que desanimarse frente a la crítica, sobre todo acá en Chile que, aunque suene cliché, el medio está lleno de gente que dice “no, yo he visto mejores”, “no, esto lo copió”, y eso claro que te puede desanimar. A mí, a estas alturas –supongo que vas editar esto–, me importa un…

¿Y qué pasa con la autocrítica?

Mira, para empezar, yo creo que es muy raro que si tú encuentras muy buena tu pega, ésta en realidad sea una mierda. No se puede estar tan equivocado. Tendrías que ser un ególatra, un megalómano que piensa que todo lo que hace está bien. Algo debes tener de razón. Mal que mal, por eso estudiaste y puedes hacer relaciones visuales y evaluar qué es lo que funciona y lo que no.

ALVAREJO’S GREATEST HITS



¿Cuál ha sido el trabajo que más satisfacción te ha dado?

No sé si el que más satisfacción, pero sí uno de los primeros que yo dije “wow, esto se pasó”. Fue cuando me llamaron de Microsoft el 2009. Estaban sacando un reproductor de música –que a la larga fue un fracaso– que trataba de hacerle la competencia al iPod. Me dijeron que querían que hiciera dos ilustraciones y ellos las iban a grabar en láser en la parte de atrás, para una línea exclusiva de los reproductores. Yo me caí de raja, pensé que era una broma. Pero no, era real. Hice la pega, salió todo bien, y después me llegó una cajita de Microsoft con letras doradas, con mi biografía, un poster… una cosa surreal.

Y fuera del ámbito comercial, ¿tu trabajo ha sido exhibido alguna vez en museos o galerías?

La ilustración que hice de los Simpson, que fue para un concurso en el que había que representar la cultura pop, estuvo una semana en el museo Tate de Londres.

Ya que estamos hablando más en detalle de tus trabajos, viene un cliché obligado: ¿Cómo es tu proceso de creación?

Mucha gente te pregunta “¿dónde se te ocurrió esto?”. El lugar físico muchas veces es el más inverosímil. De repente me estoy duchando, pensando en nada, y me viene una idea. Hay mucha gente que se sienta y dice “ya, quiero que me salga una idea”, y empiezan a darle vueltas. Pero es muy poco probable que, tratando de forzarla, te llegue una idea. Yo creo que las ideas nacen de la experiencia. De repente vas por la calle y te diste cuenta de algo, o viste algo en el diario y se te ocurre hacer una ilustración. Por ejemplo, yo estaba un día viendo tele y me quedé un rato pegado con un concierto de David Bowie, y me fijé que el tipo tenía un ojo azul y el otro café. Y ahí pensé que él era como un siberiano. Entonces pensé en hacer un perro con la marca del rayo con el que sale en el disco Ziggy Stardust, y ahí nació la idea y fue la primera polera que me imprimió Threadless… Al final las ideas originales son como una sumatoria de cosas que ya tienes en la cabeza. Siempre es bueno andar con una libretita y bosquejar o anotar.

¿Y qué opinas del uso de la tecnología al momento de crear?

Yo la tomo como una herramienta. Como yo trabajo es así: el 99,9% de las veces parto en papel, bosquejando con lápiz, que ese es otro punto que yo siempre le marco a la gente que está empezando. Nadie puede partir con las cosas ya hechas. Todo parte de la cabeza y de la cabeza al bosquejo. Un bosquejo rápido, simple. Cuando eso ya está acabado, yo entinto. Siempre. Tengo como 50 lápices, desde el 0,01 hasta el 1,5, es decir, toda la gama. Y después eso lo escaneo. Una vez que lo escaneo, por una cosa de comodidad, coloreo en el computador, pero es por una cosa de agilidad. El computador hay que tomarlo como una herramienta, así como antes se usaban planchas o se hacía a mano, ahora en vez de estar 5 días pegado en eso, me demoro 5 horas.

¿Cómo le explicas eso a la gente más joven, que a veces quiere usar el mouse como si fuera un lápiz?

A mis alumnos les digo que no se estresen en empezar a dibujar en el computador, no van a llegar a ningún lado. Dibujen en papel y van a ver las proporciones, cómo aprovechar el espacio. Al mirar en una pantalla al ojo se le escapan cosas. Yo ocupo el computador para pintar y sería. Conozco muchos diseñadores que trabajan con vectores, pero sí o sí hacen el boceto y después lo escanean. Es como si un pintor llegara y se lanzara sobre el lienzo sin pensar nada. Quizás funcionaría con cosas abstractas, pero en lo que yo hago, que tengo que cuidar la proporción, que esté bien dibujado, sin el boceto no lo lograría.

Para terminar, también relacionado con lo que permite la tecnología: Antes los artistas hacían sus obras pensando en museos o galerías, o quizás en la sala de un coleccionista, para colgar sus cuadros. Pero ahora una obra puede tener soportes variados, como ropa y otros artículos. ¿Se puede hablar entonces de especializaciones? ¿Existe, por ejemplo, la ilustración en poleras como algo distinto a la ilustración en posters?

No, lo que va cambiando básicamente es el formato. Si yo pienso en una ilustración para un cuadro, el tipo de relaciones formales que voy a hacer para esa pieza tiene que ver con el soporte. Si voy a hacer un mural, obviamente los tamaños son diferentes, incluso la técnica puede ser diferente, pero lo que no cambia es el mensaje. O sea, la base de la ilustración es decir mediante la imagen cosas que la palabra no puede decir. La tecnología hace que haya muchos más medios, poleras, reproductores de música, afiches, sitios web, pero lo único que cambia es el formato. La ilustración es una sola cosa.