Alex Gross

Varios | Por hace 6 años.
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Alex Gross
“Retrato de un iconoclasta”

Texto: Rodolfo García

“Estoy siendo mucho más influenciado por revistas de moda que por las bellas artes”

“No comulgo con etiquetas ni movimientos. Creo que el surrealismo pop es una mierda. No es un movimiento”


1968
New York
www.alexgross.com

El filósofo francés Jean Baudrillard definió hace más de veinte años la post modernidad como una sociedad de la imagen. Una donde ésta se vuelve omnipresente, al punto de llegar a la transparencia absoluta, al germen del mal. En este nuevo mundo, la apariencia se transforma en el nuevo deber ser, vacío de significado, y, por ende, translúcido, de los individuos. El look, reflejado en una cultura de masas adoptada por inercia. La misma que conduce al consumo como fin en sí mismo, más allá de la satisfacción de una necesidad. Del mismo modo, al extrapolar los íconos pop, éstos se han convertido en una nueva religiosidad llena de arquetipos, como una basura residual que queda de la emanación de millones de imágenes acumuladas en el subconsciente colectivo durante décadas gracias a la fotografía, el cine y la televisión.

Alex Gross juega con todos estos referentes en su pintura, con fuertes guiños a esta marea contemporánea, una saludable dosis de humor negro y un estilo clásico basado en las estructuras compositivas del renacimiento temprano. La imagen de una pareja típica del ideal romántico de los 50s en EEUU, ambos con los ojos en blanco, pero teñidos del azul de las pantallas de cristal líquido, con la mujer sosteniendo un i-phone en el que de la manzana sale un gusano, con la inscripción ‘End user’ (usuario final), grafica muy bien lo que Baudrillard imaginaba en un tono más serio, tal vez. La transparencia del mal, el deber ser de la imagen que uno proyecta.

Aunque Gross, un artista norteamericano de 43 años que reside en Los Ángeles, California, se nutre de imágenes actuales sacadas en gran medida de lo visto en el ámbito publicitario, su composición está ligada al gótico pre-renacentista y a la imaginería religiosa. Sus cuadros, algunos con rostros de trazo hiperrealista (calcado de una foto), poseen, también, elementos oníricos dignos de un Magritte. ¿Retro futurismo? Esta mixtura, tan particular, ha llamado la atención de críticos como Kirsten Anderson, quienes la tildaron de “surrealismo pop”, en un mismo paquete junto a autores como Mark Ryden (Joia_06). Gross niega la existencia de tal movimiento; más aún, lo repugna, no se identifica con él, y alega que tal etiqueta no es propia, sino que les fue impuesta hace diez años.

Nativo de New York, Alex Gross estudió en una de las mejores escuelas de arte a nivel mundial, una de las más exigentes, al menos: el Art Center College of Design de Pasadena, California. Al tiempo de egresar, el artista recibió una membresía de la Japan Foundation y pasó meses en Japón, recogiendo distintas imágenes que recopiló en un libro editado por Taschen el 2004: Japanese beauties. Con una trayectoria reconocida en la actualidad, su obra ha sido objeto de retrospectivas como la del California State Fullerton’s Grand Central Art Center y el libro The Art of Alex Gross editado por Chronicle Books el 2007, además de aparecer en distintas publicaciones. El pintor ha colaborado en otras áreas, elaborando la carátula para el disco ‘23’ de los italo-japoneses Blonde Redhead y la portada del libro After Dark del escritor nipón Haruki Murakami.

Desde su casa en Los Angeles, Gross nos responde a esta entrevista.

¿Cómo criticas el capitalismo y la vida moderna en tu pintura?

Creo que ello se ve bastante claro si miras las obras, pero pienso que está abierto a una interpretación personal.

¿Cómo llegaste a colaborar con Blonde Redhead? ¿Estás ligado a la escena musical?

Fui afortunado con el proyecto de Blonde Redhead. Ellos vinieron a mí para trabajar en la carátula. Yo ya era un gran fan de su trabajo, entonces fue muy emocionante. Nos tocó reunirnos con ellos y ver un show desde el backstage. Pero, más allá de ello, no tengo mucha conexión con la escena musical ni con músicos, aparte de los pocos que conozco personalmente.

En tus composiciones sueles mezclar elementos de la pintura clásica con objetos y referencias contemporáneas? ¿Por qué has elegido esta mezcla?

¿Por qué lo hago? Bueno, ¿y por qué no? El gótico inicial y la pintura del renacimiento es el punto álgido del arte. Todo lo que viene después tiene una deuda enorme con este período. Además, la mayor parte del trabajo de este tiempo son ilustraciones de imaginería bíblica. Entonces, referirse a este asunto es, a la vez, un homenaje al gran arte y, también, una referencia cultural, dado que todas las culturas occidentales y europeas se han desarrollado alrededor de la ideología de la Biblia.

¿Cómo ves la cultura pop en nuestros días?

No estoy seguro de lo que la cultura pop significa exactamente. Supongo que hay ejemplos de cultura pop que son excitantes, especiales, que te hacen vibrar, mientras, al mismo tiempo, puedes encontrar ejemplos que son ridículos y estúpidos. En materia de música, puedo encontrar un montón de ejemplos de ambos casos. ¿Qué es realmente la cultura popular? ¿Es aquello que la mayor parte de la personas hacen? ¿Es acaso Facebook? ¿La televisión?

¿Te centras en el dibujo y la composición?

Dibujo, no. Composición, sí. No dibujo mucho en estos días. Utilizo un montón de fotos cuando hago mi trabajo. El dibujo no es importante para mí. El pintar lo es, y para hacer un buen cuadro, necesitas una buena composición. Necesitas un valor estructural concreto y un diseño fluido que haga mover el ojo alrededor en la forma que lo deseas. Entonces, yo trabajo duro en estos aspectos antes de pintar una imagen.

Sabemos que te atrae mucho la pintura renacentista…

Sí, me siento muy atraído por los pintores renacentistas del inicio, generalmente considerados como góticos, y también por el renacimiento tardío, no tanto así por el alto renacimiento. Amo la obra de Roger Van Der Weyden, Dieric Bouts, Hans Memling y, especialmente, de Jan Van Eyck. Más tardío, me encanta Hans Holbein, pero no tanto Michelangelo. Velázquez, mucho después, es otro de mis favoritos, y Rubens es un pintor bastante increíble.

¿Cuáles son tus artistas contemporáneos favoritos?

Desafortunadamente, no tengo realmente artistas contemporáneos favoritos. Aron Weisenfeld es el único en quien puedo pensar que aún aprecio consistentemente. Me gustan mucho, también, los Clayton Brothers. Hoy por hoy, estoy siendo influenciado mucho más por revistas de moda que por las bellas artes.



Un becario en Japón

¿Cómo fue tu experiencia de viajar por Japón? ¿Cambió en algo tu forma de ver del arte?

He ido a Japón tan a menudo que me es difícil recordar cómo me influyó en primera instancia. Pero creo que uno de los mayores shocks que recibes cuando viajas a Japón por primera vez es cuánto se mezclan otras culturas ahí mismo, y cómo ellos, por lo general, hacen un giro único en aquéllas. En Tokyo hay toda clase de tiendas, signos, mercados y publicidad en inglés, francés, alemán, chino, etc. Incluso, en restaurantes encuentras toda clase de mezclas extrañas de comidas orientales y de occidente. Ello no tiene realmente ninguna lógica, es bastante creativo e interesante. Esto influenció, de todas maneras, mi aproximación a la pintura. Tan sólo le lanzo adentro lo que sea en lo que ande interesado, y lo mezclo alrededor.

Una impresión fuerte…

Como cultura, Japón es lejos más interesante que EEUU, y con un contraste bastante grande. Puede resultar muy duro vivir en América luego de pasar un tiempo en Japón. Por allá, casi todo el mundo se preocupa por su trabajo, y lo toma con seriedad, sin importar cuán simple o trivial sea su labor. Por ejemplo, los empleados de correo en Japón han recibido educación universitaria y, a menudo, hablan inglés muy bien. No importa adónde vayas, casi siempre encuentras un servicio excelente y las personas hacen lo que dicen. Por acá, en EEUU, especialmente en Los Ángeles, esto es una idea lejana. La mayor parte de las personas aquí odia su trabajo, especialmente si es trivial o para el gobierno. Además, ellos son, a menudo, ineptos. No pueden hacer su trabajo, no saben lo que están haciendo, están en una lucha de poder, y ni siquiera les importa un carajo. Entonces, ello se vuelve muy deprimente. El orgullo japonés por su cultura es muy visible donde sea que vayas en su nación.

Y después, con Taschen, publicaste un libro con lo que encontraste por allá…

Sí; quedé muy contento con ese libro, titulado Japanese beauties. Durante mi estancia en Japón fui recolectando imágenes de revistas y publicidad japonesas; pensé que ello haría un lindo libro, y así fue.

¿Cómo llegaste a estar involucrado con Haruki Murakami? ¿Te gustan sus libros?

Siempre he sido un gran fan de Murakami. Me gustaron mucho sus primeros libros, como Norwegian wood y South of the border, west of the sun. John Gall, un diseñador de libros genial, me preguntó si yo tenía algunas imágenes que él pudiese usar para la novela After dark, pues él sabía que poseo una gran colección de imágenes japonesas. Yo no tenía lo que él buscaba, que era una mujer con los ojos cerrados, pero lo convencí de que yo podía ilustrar lo que él estaba imaginando. Fue así como trabajamos en ello juntos, y así es como se gestó esa portada. Fue realmente especial tener mi nombre en un libro de Murakami.



El peso de una etiqueta

¿Qué sientes al ser llamado un ‘surrealista pop’? ¿Qué es este movimiento?

No creo en etiquetas ni movimientos. Creo que el surrealismo pop es una mierda. No es un movimiento. Es, simplemente, un puñado de artistas ligados a la representatividad que han estado exhibiendo en los mismos tipos de galerías por los últimos diez o quince años. Dado que las galerías realmente vanguardistas generalmente ya no exhiben más pintores representativos, surgió la necesidad de un nombre para este otro, y menos ‘cool’, tipo de arte. Al principio lo llamaron ‘Brocha gorda’ (Lowbrow), pues los primeros nombres en la escena a menudo estaban pintando cosas tontas tipo libros de historietas. Además, porque ninguno de esos artistas ha ido a una escuela prestigiosa para graduarse como tal.

¿Amateurs?

‘Brocha gorda’ es un nombre ridículo y es realmente ofensivo para aquellas personas que de verdad pintan con una habilidad real, y para artistas que tienen algo más que decir que tan sólo chicas endemoniadas o autos enchulados. Entonces, alguien empezó a usar ‘surrealismo pop’. Probablemente fue Kirsten Anderson, dado que ella hizo el libro con ese mismo título, hace ya casi una década. Pero la verdad es que tengo tan poco en común con otros artistas surrealistas pop que, en serio, no lo considero un movimiento, como lo fue el Pop Art o el impresionismo.

¿Cómo así?

Esos eran movimientos reales, donde las personas seguían ciertas reglas y tenían la misma idea de lo que la pintura debía ser. Nosotros no tenemos nada de ello. Chet Zar, Camille Rose García, Mark Ryden… personas como ellos no están pintando acerca de lo que yo estoy pintando. Ellos pueden ser interesantes, pero tenemos muy poco en común. No es realmente un movimiento para mí. Además, no soy fan de nadie en esa escena.

¿Te gusta el Pop Art?

Cuando estaba en la escuela de arte me gustaba Lichtenstein. Pero, ya lo he superado. Me gusta lo que hizo al legitimar la imaginería de los libros de historietas dentro de las bellas artes. Aún así, creo que la mayor parte de lo que hizo Warhol es basura.

Ironía

El humor negro y las referencias ácidas a la sociedad de consumo (como el cuadro de la chica alternativa que tiene un estampado de ‘Obey’ en su camiseta) son una constante en el trabajo de Alex Gross, y la ironía ha sido apuntada por algunos críticos como una característica propia de su trabajo.

¿Cómo ves la vida moderna (política, económica, social) que criticas en tu obra?

Creo que la política es una completa basura. No sé cómo será en Chile… debe ser muy distinto. A lo mejor creen que en EEUU hay mucha libertad a causa de nuestra democracia. El hecho es que EEUU está controlado en su totalidad por el 1% más rico de la población. Todos los políticos están trabajando para distintas corporaciones que les pagan, y son todos corruptos. Obama puede ser menos malo que Bush, pero posee un montón de intereses corporativos también, e incluso si tiene buenas ideas, es imposible de llevarlas a cabo realmente, pues el sistema de gobierno norteamericano se asegura de que cualquier idea creativa sea aniquilada. Tenemos un sistema de vida confortable en EEUU, pero puede ser muy frustrante por momentos. Mira cuán poderosos son los bancos gigantes y las compañías de créditos y seguros aquí, y cuán faltos de poder estamos para cambiar cualquier cosa importante. Es deprimente.

¿Y qué pasa con el modelo democrático estadounidense?

A lo mejor, si hubiese crecido con un dictador como el que tuvieron en Chile, apreciaría más la democracia. Es difícil saberlo. Todo lo que sé es que Norteamérica se beneficiaría mucho con una aproximación más socialista. Por ejemplo, para alguien como yo, que no trabaja en una gran compañía, acceder a un seguro de salud es en extremo costoso. Con 200 o 300 dólares al mes apenas pago la cobertura más básica, esto quiere decir que si voy al médico o al hospital, aún debo pagar por casi todo. Sólo me cubre en caso de algo realmente grave, y, de todas maneras, igual acabo pagando como 12 mil dólares antes de obtener alguna ayuda.

¿Tanto?

Los precios suben siempre, dos o tres veces al año y, si tuviese una enfermedad crónica, como diabetes o asma, ellos podrían eliminarme del seguro, y si me aceptan, debería pagar tres o cuatro veces más por el mismo seguro de porquería. Es una verdadera broma. En Canadá, Francia o Japón, todo el mundo recibe un cuidado en salud. Pero estos estúpidos norteamericanos oyen la palabra ‘socialista’ y piensan que significa la Rusia comunista de los tiempos de la Unión Soviética, y gritan ‘¡Ni modo!’. Por eso protestan en contra de un seguro médico universal, aún cuando estén todos jodidos.